¿Se puede estar quemado como cuidador sin una enfermedad de por medio ?
¿En los profesionales sanitarios , puede sumarse el burnout laboral con el síndrome del cuidador quemado?
¿ En qué lugar quedas cuando cuidas ?
¿Formas parte de un equipo o estás sola en esto?
Si te identificas como líder de un equipo de cuidados de cualquier tipo y a cualquier nivel, ¿Cual es tu papel en ese equipo familiar o laboral ? ¿ Estás en el centro coordinándolo todo , en el perímetro como uno más , o incluso fuera como inspiración de un equipo de alto rendimiento con integrantes interdependientes y autónomos ?
¿ Qué entiendes por autocuidado ? ¿Un objeto más de consumo ? ¿ Algo que cuesta tiempo y dinero o algo de lo que nos podemos responsabilizar como prioridad a insertar ya no en el día a día , sino en el minuto a minuto ?
Cuidadores somos todos en algún momento de nuestra vida. Cuidamos de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestra pareja, de nuestro hogar, de nuestras plantas, de nuestras mascotas.
Cuidar es proteger, dar calor, sostener y acompañar. En muchos casos, convertimos cuidar en nuestra profesión .
Cuando cuidamos , ponemos al servicio del otro nuestra preocupación, nuestra inquietud, nuestro pensamiento. Cuidar es un acto de amor.
Soy médico. Mi profesión cuida de la salud de las personas. En mi profesión trato enfermos y enfermedades, pero también observo y acompaño a los que cuidan. Familiares de mis pacientes e incluso mis propios compañeros sanitarios y yo misma. Veo el agotamiento, el dolor físico , las dudas, los miedos….
Estar de vez en cuando del otro lado de la mesa de la consulta, o de la cama de hospitalización, ayudan a entender lo que no se puede explicar con palabras. Lo que significa esa mirada llena de preguntas y temerosa de sus respuestas.
Sonia Castro, madre de una hija con discapacidad severa , luchadora por la inclusión social y el empoderamiento familiar, en su libro “Mamá sustentable” escribe este párrafo revelador:
“Con los años, he aprendido que la discapacidad no genera problemas nuevos, se trata de una situación extrema que agudiza los que ya existen y que son trasversales a toda la sociedad. Es como una lupa que nos permite acercarnos a aquellas cosas que no están funcionando , ya sea a nivel individual , familiar o social. La discapacidad le exige un esfuerzo adicional a los sistemas, y si estos no están bien, los problemas saldrán a flote con mayor claridad.”
El cansancio y la extenuación, con los sentimientos asociados de desesperanza, fragilidad y miedo a los que éstos llevan cuando las catecolaminas y la dopamina (las hormonas del “eustrés” y la motivación ) dejan paso al cortisol, no son inherentes ni exclusivos de la persona que cuida a un enfermo ,o tiene a su cargo a una persona discapacitada. En estas circunstancias su presencia es más constante y se magnifica , haciéndose evidente. Dolorosa.
Pero el disconfort asociado a la falta de descanso y a la permanencia en un estado de alerta mantenido , es un hecho fisiológico común a cualquier sensación de distrés, independientemente de su origen .
Así pues, cualquiera de nosotros puede fácilmente empatizar con las personas que atraviesan por estas difíciles circunstancias, llegando en muchos casos a sufrir el denominado Síndrome del Cuidador.
Según la OMS se define como El desgaste físico y psicológico sentido por los cuidadores de personas mayores o dependientes. Repercutiendo en su salud física, mental y social.
No cabe duda de que la vinculación emocional con el individuo al que se cuida tiene un impacto en el riesgo de aparición de éste síndrome, al igual que el número de horas al día dedicadas al cuidado que suelen ser directamente proporcionadas a lo anterior, pero el acto mismo de cuidar, hace que tarde o temprano esta vinculación aparezca, intensificándose con el tiempo.
Así pues, el síndrome del cuidador puede aparecer tanto si el cuidado es familiar como profesional.
En el caso de los profesionales sanitarios, el tiempo dedicado al cuidado está acotado a la jornada laboral , pero la carga mental asociada al mismo suele persistir más allá de este, así como muchas de las tareas de formación , docencia e interacción profesional derivadas de la actividad en si misma. Algo muy similar ocurre con los terapeutas, y educadores , tanto en educación especial como general, en etapa infantil o sucesivas. Son trabajos que no se acaban al salir por la puerta del centro laboral.
A nadie se le escapa que cualquier carga es tanto más llevadera cuanto más distribuida esté entre los puntos de apoyo. Es una ley física universal. Si existe un equipo de cuidados las cosas suelen ser más fáciles, pero también pueden aparecer sobrecargas a las fricciones propias de cualquier equipo.
También de este tema nos habla Sonia Castro en “ Mamá sustentable” , en el que sintetiza la teoría de la evolución del liderazgo aplicada a los cuidados. Los equipos con liderazgo directivo en el que un solo individuo dirige, no son sostenibles en el tiempo. La clave de su éxito está en su evolución progresiva hacia un equipo de alto desempeño en el que el liderazgo delega y el equipo es capaz de trabajar de manera autónoma , interaccionando sus miembros entre ellos sin que haya ninguno más importante que el otro. El líder es uno más y puede incluso estar fuera cumpliendo su rol netamente de inspiración.
Disponer de un equipo, o tribu, es sin duda una clave fundamental para amortiguar el impacto de la “actividad cuidadora” pero hay un factor individual que no se puede perder de vista, pues aun en las mejores circunstancias , incluso fuera de situaciones de gran dependencia, enfermedad o discapacidad, es clave en el bienestar de todo ser humano, su capacidad de cuidar de si mismo.
¿Sabemos cuidar de nosotros mismos? ¿Somos conscientes de lo que necesitamos en cada momento ?
Si nos hacemos esta pregunta de forma profunda y honesta, solemos descubrir que…No tanto como sería deseable.
Aquí algunas sugerencias para vivir el rol de cuidador como un proceso vital transformador del que no salir mal parado…
- Cuidar el tiempo de descanso como prioridad primera y fundamental. Compensar el descanso perdido por las circunstancias con descanso al día siguiente.
- Modular el nivel de actividad diario ajustado a expectativas realistas y a nuestro equilibrio energético único y cambiante.
- Respetar nuestros límites. No esperar a llegar a ellos para tomar medidas. Adelantarnos a nuestras necesidades, conscientes de su presencia. Por ejemplo: Estar adecuadamente hidratados sin esperar a que aparezca la sed , tras toda una cascada de señalización de desequilibrio del medio interno. Cuando nuestro cuerpo nos grita a veces es demasiado tarde, va a costar mucho más volver al equilibrio.
- Adquirir un patrón de respiración consciente, nutritivo, esponjoso, que nos ancle al instante presente .
- Cubrir nuestra necesidad de aire libre, de luz natural, de silencio.
- Establecer ritmos saludables de movimiento y quietud. Dentro, fuera. Introspección y observación.
- Marcarnos periodos de descanso instantáneo al menos cada hora y media de actividad física o mental intensa….
Nadie puede hacerlo por nosotros. No cuesta dinero. No consume tiempo. No consume vida, la cuida. Cuidarla maximiza nuestro tiempo. Porque cuando nuestra energía es elevada nuestro rendimiento es infinitamente mayor. No solo para cuidar. Para estar, y SER.
La autoconsciencia, íntimamente relacionada con el autocuidado, ayuda a ver lo que nos trae el proceso de cuidar. Conocer lo que hay detrás, el “para qué” de las circunstancias que atravesamos, desapegándonos de la vivencia para ver la realidad. Con perspectiva, sin miedo, y en paz.
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