Ya está. Ya lo hemos hecho. Era cuestión de tiempo. ¿ Nuestro siguiente paso evolutivo?
Dominamos el fuego, inventamos la escritura, conquistamos el mundo… a gatas.
Tras los primeros pasos de la revolución industrial llegó Internet: la visión de conjunto.
Nos pusimos en pie, conectados desde nuestra propia altura.
Empezamos a mirarnos a los ojos, a reconocernos como iguales, de un extremo al otro del planeta.
Ahora, la necesidad es alzarnos aún más.
Vernos desde arriba.
Despertar a la autoconsciencia como especie.
¿Es este el camino?
Una vez más, hemos colocado fuera de nosotros esa capacidad.
Un movimiento externo, poderoso, que promete cambiarlo todo. ¿ Seremos capaces de mover al mismo ritmo nuestros engranajes internos ? .
Dicen que será un proceso bidireccional.
Un camino de ida y vuelta.
Inquietante, sí. Pero lógico.
Hemos proyectado nuestra cualidad diferencial, ampliando sus límites , pero el control es nuestro, y debería seguir siéndolo.
Somos la fuente: como individuos, como red, como concepto.
Lo que somos, trasciende la mera individualidad, no solo en lo material.
Nuestra trascendencia se hace tangible , por el momento, a través de la tecnología.
Se plantean grandes incógnitas, porque su origen y sus procesos permanecen oscuros.
La respuesta a esas incógnitas será el espejo en el que nos conoceremos como especie.
¿Nos descubriremos en un reflejo creador y reparador… o destructor e involutivo?
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